Opinión / por Ariel Lugo Segura
Es imposible no notar una realidad que se hace cada vez más evidente en los negocios de nuestro país: la alta presencia de trabajadores extranjeros en diversos sectores. Quiero dejar claro desde el principio que esto no es un ataque personal contra ninguna nacionalidad ni contra las empresas. Hemos visto distintas etapas: en su momento fue muy marcada la contratación de venezolanos/as y colombianos, hoy también vemos a muchos hermanos cubanos siendo contratados y, por la realidad geográfica de compartir isla, una presencia masiva de trabajadores haitianos.
El problema de fondo no es la presencia del extranjero en sí, sino la paulatina sustitución de la mano de obra local y la falta de cumplimiento de nuestras leyes laborales. Es alarmante observar cómo muchos negocios constituidos con capital o administración extranjera han adoptado esta práctica de manera sistemática. Es de suponerse que, si se llega a un país a invertir y emprender, debe ser con el compromiso de sumar a la empleomanía local y generar bienestar colectivo en la comunidad que les abre las puertas, no para transferir las oportunidades laborales casi en su totalidad a personal de otros países.
La legislación dominicana es bastante clara al respecto. El Artículo 135 del Código de Trabajo de la República Dominicana (Ley No. 16-92) establece que el 80% de los trabajadores de una empresa debe ser dominicano, reservando solo un 20% para personal extranjero. Además, el Artículo 137 del mismo código señala que las remuneraciones cobradas por los trabajadores dominicanos de una empresa deben sumar, en conjunto, no menos del 80% del total de la nómina de salarios de la misma.
A pesar de estas disposiciones legales, la realidad que percibimos en la calle es otra completamente distorsionada. No puede ser posible que al entrar a un negocio te encuentres con 10 empleados extranjeros y apenas 2 locales; y para empeorar aún más las cosas, que esos dos trabajadores dominicanos ni siquiera ocupen puestos de liderazgo ni reciban una remuneración superior a la de los demás. No solo preocupa el volumen desproporcionado de contratación, sino también cómo en muchos casos se aparta al profesional o técnico local, asignando las mejores oportunidades de crecimiento fuera de la mano de obra nacional.
Existe el argumento de que «el dominicano no quiere trabajar», y aunque se pueda debatir la actitud o disposición en ciertos sectores, hay una realidad de fondo que no podemos ignorar. Las exigencias y aspiraciones de un empleado dominicano que conoce el costo de vida de su país, que exige sus derechos laborales, seguridad social y cuenta con su ciudadanía y documentos en regla jamás serán las mismas que las de un trabajador en condición irregular o que desconoce las leyes que lo protegen. Esta desigualdad crea una competencia desleal en el mercado de trabajo.
Como hijo de una emigrante comprendo lo complicado que puede ser buscar oportunidades fuera de tu tierra y no abogo por cerrar las puertas ni por denegar la oportunidad de trabajar a quien emigra en busca de un mejor futuro. Sin embargo, la responsabilidad y el ejemplo de un país deben comenzar por casa. Proteger el empleo nacional, fiscalizar el cumplimiento del porcentaje 80/20 y garantizar condiciones equitativas no es discriminación; es aplicar la ley y velar por el bienestar socioeconómico de nuestra gente.
Las distintas generaciones, jóvenes, adultos y emergentes no solo exigen un país con acceso a la educación y al trabajo, sino también garantías de ingresos y salarios dignos.
«Arropemos a los que llegan, pero sin quitarles la sábana a los de la casa.» Ariel Lugo Segura / @ariellugo.s
Referencias legales:
Código de Trabajo de la República Dominicana (Ley No. 16-92):
Artículo 135: Establece la proporción obligatoria del 80% de empleados dominicanos frente a un máximo del 20% de extranjeros en toda empresa.
Artículos 136 y 137: Regulan las excepciones (por ejemplo, directivos o técnicos especializados cuando no haya nacionales) y la distribución del 80% del monto total de la nómina salarial para dominicanos.